
Como una nota repetitiva y empalagosa, como el contínuo vaivén de su cuerpo meciéndose hacia atrás y hacia delante, así se presentaban los días para Santiago.
El mundo exterior no era más que un perpetuo desfile de escenas inconexas, sonidos ajenos y personajes grotescos que, sin embargo, no despertaban en él ninguna emoción.
En su interior la paz reinaba como el sugerente murmullo de un arroyo, que fluye constante, seguro, inconmovible, dictando el ritmo de la vida salvaje. Solo que no experimentaba la libertad del verde bosque sino más bien la protección de una celda. Se sentía entre altos muros, en un callejón sin salida... y al mismo tiempo sin entrada.
Si hubiera podido pensarse al menos una vez o nacer a la conciencia al oír su nombre, todo hubiera sido distinto; claro que él estaba muy lejos de poder darse cuenta de esto. Su vida entera había transcurrido entre las cuatro paredes de aquella ceguera que ve sin contemplar, que oye sin escuchar, que se mueve sin comunicarse, que pronuncia sin hablar...
Pero en vano sería sentir pena por él, ya que no era ni penosa ni alegre su existencia. Era más bien un ser sin sustancia, una pregunta sin respuesta, una mera acumulación de latidos, rituales, sonidos... igual que una gotera sobre un charco de agua. “Es autista”, decían, como si eso lo explicara todo.
Escrito por ChristianEricLavinProsen el 31/03/08(Escrito escuchando piezas para piano de las bandas sonoras de “Una mente brillante”, “Algo para recordar”, “Castillos de hielo” y “Descubriendo Nunca Jamás”)

![[Necesaria] p/Gustavo Camacho [Necesaria] p/Gustavo Camacho](http://3.bp.blogspot.com/_qWYzdvNcFeM/SByXfCBoOpI/AAAAAAAAAZI/2QT8DTTd-EE/S1600-R/necesaria-pie.jpg)















1 COMENTARIOS (Cualquiera puede dejarlos):
Misa, a pesar de no ser un cuento alegre, igual ya estoy acostumbrada a tu tematica, me gustó mucho tu manera de narrarlo, las palabras y el sentir.
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