La pequeña taza de porcelana despedía el aromático y delicioso vapor de la bebida oscura, que contrastaba con el del formol-aldehído que inundaba la sala. En lugar de finos retratos o paisajes de artistas de renombre, las paredes se encontraban tapizadas con trofeos de caza, pieles de animal, lanzas y escudos tribales.
- ¡Magnífico aroma, Charles! Pero debo darme por vencido…definitivamente es de oriente aunque no logro dar en el clavo.
El hombre sentado en el amplio sillón de enfrente sonrió vencedor.
- Es simple té de Ceilán con algunas hojas de gyokuro.
- No se vale… -replicó el pelirrojo de amplios bigotes- …no se trata propiamente de una clase de té sino de una mera combinación.
- No cabe lamentarse, Clark…admite tu derrota y ya.
Clark apoyó la taza sobre la mesa, dejando ver su fastidio. Afinó los extremos de su mostacho y dijo en tono serio:
- Vamos, Charles, muestra ya tus cartas. Tu y yo sabemos que no me invitaste a tu guarida en Glasgow, solo para tomar el té. Somos rivales desde hace años y eso, en este mundo tan delirante, nos convierte prácticamente en amigos. Ambos somos cazadores, ambos caballeros de la corona británica. Hasta un novato sin puntería sabe que el honor de dos nobles contrincantes está por encima de toda competencia.
- Así es, vieja pantera… traigo un As bajo la manga…
- Por el brillo en tus ojos bien diría que traes un ñu –dijo Clark con una risa nerviosa.
- Acompáñame, si es que te mata la intriga.
El anfitrión se puso de pié invitando cortésmente a su viejo rival a seguirlo hacia una sala contigua. Allí, encendió una lámpara y de entre las tinieblas emergió la imponente imagen estática de una leona de un pelaje rojizo en toda su extensión. Su semblante feroz exhibía amenazante sus colmillos y sus patas dejaban ver unas grandes y filosas garras.
El rostro pálido de Sir Clark Alfred Norrington empalideció aún más. Se mostraba incrédulo ante lo que le mostraban sus propios ojos.
- ¡Has atrapado a la leona malva! No puedo creerlo… no doy crédito a mis ojos, –dijo entre admiración y envidia- creí que era sólo una mito...
El incrédulo cazador dio una vuelta alrededor de la bestia embalsamada, tocó su pelaje, la miró con detenimiento y sus dedos encontraron al tacto el orificio de entrada.
- Justo entre los ojos… increíble… y ¡vaya obra de arte de la taxidermia! La herida ni se ve… Debo admitirlo, Charles, me has vencido… has completado tu colección antes que yo… tienes a todos los trofeos, los de caza mayor, todos los depredadores en existencia… Pero dime: ¿con qué lo mataste? ¿Fue un Mauser .280, un Winchester reformado o fue un…
Sus preguntas se vieron interrumpidas por el ruido del arma al cargarse. Al girar sobre sus talones pudo ver a su noble contrincante de toda la vida apuntando directamente a su cabeza.
- Fue un Mauser… -alcanzó a decir antes de sentir la bala.
Sir Charles Ludwig Windsor se acercó al cazador cazado y dijo a modo de epitafio:
- Ahora sí he completado mi colección, tu eres el mayor y el último de mis trofeos.
Tres días más tarde colgó orgulloso, sobre de la chimenea de su escritorio, la cabeza de Sir Norrigton, cuyo blanquecino rostro contrastaba con la oscura base de caoba.
Escrito el 23/05/08 por ChristianEricLavinProsen



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