Bienvenidos los viajeros que se apeen en este oasis, cuyas barcas amarren en este muelle... De todo corazón comparto estos relatos cortos surgidos de la contemplación, lo más ingenua posible, de una imágen y la escucha atenta de una melodía en particular.

miércoles 28 de mayo de 2008

El último trofeo

La pequeña taza de porcelana despedía el aromático y delicioso vapor de la bebida oscura, que contrastaba con el del formol-aldehído que inundaba la sala. En lugar de finos retratos o paisajes de artistas de renombre, las paredes se encontraban tapizadas con trofeos de caza, pieles de animal, lanzas y escudos tribales.

- ¡Magnífico aroma, Charles! Pero debo darme por vencido…definitivamente es de oriente aunque no logro dar en el clavo.

El hombre sentado en el amplio sillón de enfrente sonrió vencedor.

- Es simple té de Ceilán con algunas hojas de gyokuro.

- No se vale… -replicó el pelirrojo de amplios bigotes- …no se trata propiamente de una clase de té sino de una mera combinación.

- No cabe lamentarse, Clark…admite tu derrota y ya.

Clark apoyó la taza sobre la mesa, dejando ver su fastidio. Afinó los extremos de su mostacho y dijo en tono serio:

- Vamos, Charles, muestra ya tus cartas. Tu y yo sabemos que no me invitaste a tu guarida en Glasgow, solo para tomar el té. Somos rivales desde hace años y eso, en este mundo tan delirante, nos convierte prácticamente en amigos. Ambos somos cazadores, ambos caballeros de la corona británica. Hasta un novato sin puntería sabe que el honor de dos nobles contrincantes está por encima de toda competencia.

- Así es, vieja pantera… traigo un As bajo la manga…

- Por el brillo en tus ojos bien diría que traes un ñu –dijo Clark con una risa nerviosa.

- Acompáñame, si es que te mata la intriga.

El anfitrión se puso de pié invitando cortésmente a su viejo rival a seguirlo hacia una sala contigua. Allí, encendió una lámpara y de entre las tinieblas emergió la imponente imagen estática de una leona de un pelaje rojizo en toda su extensión. Su semblante feroz exhibía amenazante sus colmillos y sus patas dejaban ver unas grandes y filosas garras.

El rostro pálido de Sir Clark Alfred Norrington empalideció aún más. Se mostraba incrédulo ante lo que le mostraban sus propios ojos.

- ¡Has atrapado a la leona malva! No puedo creerlo… no doy crédito a mis ojos, –dijo entre admiración y envidia- creí que era sólo una mito...

El incrédulo cazador dio una vuelta alrededor de la bestia embalsamada, tocó su pelaje, la miró con detenimiento y sus dedos encontraron al tacto el orificio de entrada.

- Justo entre los ojos… increíble… y ¡vaya obra de arte de la taxidermia! La herida ni se ve… Debo admitirlo, Charles, me has vencido… has completado tu colección antes que yo… tienes a todos los trofeos, los de caza mayor, todos los depredadores en existencia… Pero dime: ¿con qué lo mataste? ¿Fue un Mauser .280, un Winchester reformado o fue un…

Sus preguntas se vieron interrumpidas por el ruido del arma al cargarse. Al girar sobre sus talones pudo ver a su noble contrincante de toda la vida apuntando directamente a su cabeza.

- Fue un Mauser… -alcanzó a decir antes de sentir la bala.

Sir Charles Ludwig Windsor se acercó al cazador cazado y dijo a modo de epitafio:

- Ahora sí he completado mi colección, tu eres el mayor y el último de mis trofeos.

Tres días más tarde colgó orgulloso, sobre de la chimenea de su escritorio, la cabeza de Sir Norrigton, cuyo blanquecino rostro contrastaba con la oscura base de caoba.

Escrito el 23/05/08 por ChristianEricLavinProsen

martes 20 de mayo de 2008

Vuelo libre


“Soñé que era un pájaro, doctor. Me encontraba dentro de una jaula cuya puerta estaba abierta, como en un descuido. Tal vez alguien en un gesto cómplice me invitaba a escapar.”

- Pronto serás libre… -le dijo el galeno comprendiéndolo a la perfección.

“Sin embargo, la decisión de abandonar mi encierro no fue nada fácil. Durante un buen rato me detuve a contemplar los barrotes, a contarlos; me detuve en los detalles, la pintura saltada, los adornos; sin duda era una bella jaula. Al instante me repetí a mi mismo que por más que ostentara belleza no era más que una prisión macabra, que mi vuelo en libertad se convertiría en una exhibición mucho más hermosa que cualquier herraje trabajado con esmero”.

- No debes tener miedo… -agregó el experto tomando su mano.

“Es cierto, sentía miedo. Las rejas que me rodeaban constituían un lugar seguro mientras que la libertad era una promesa incierta, un territorio desconocido. Aunque, a pesar de mis dudas, finalmente atravesé la puerta y desplegué mis alas, sentí el viento en mi rostro y, desde el aire, contemplé la pequeñez de la jaula y me dio risa. Creo que eso es la libertad, doctor: el poder reír de los barrotes que antaño impedían nuestro vuelo.”

- Si pudieras hablar en este momento, nos enseñarías muchas cosas… -dijo el médico frente a las dos enfermeras que custodiaban la cama del paciente. Y, prolongando un poco más el inminente desenlace agregó- Este hombre tuvo sueños, amó, quizás hasta haya sido un gran pensador. Puede que luego de su accidente hubiera perdido las esperanzas como lo hizo su familia, pero lo importante es la fe que como profesionales tenemos en su recuperación. Por eso es que ahora, sin más que esperar, habiendo agotado nuestro saber, no nos queda otra cosa que dejarlo partir…desconecten su soporte vital.

Las enfermeras obedecieron con precisión. Minutos después, el paciente sonrió al contemplar desde el aire su frágil cuerpo y a sus bondadosos carceleros.

Escrito el 20/05/08 por ChristianEricLavinProsen
(Escrito en el silencio de la prisión de mi rutina)

martes 6 de mayo de 2008

Mi mundo sin ti (El aroma de los tulipanes)


Comenzó como humedad en el cielorraso del cuarto, después siguió con la inexplicable mortandad de los tulipanes del cantero. Cuando me asomé al jardín pude escuchar a las margaritas gemir al perder sus pétalos y fue entonces, que también noté el éxodo masivo de las mariposas.

Al cabo de un par de días el cuadro se hacía insoportable: una silenciosa invasión de cucarachas, la tos rasposa de mi gato, la mugre que crecía bajo mis uñas…hasta el cabello había comenzado a perder desde que te fuiste. Una capa pilosa acompañaba mis paseos por la casa dejando testimonio de mis caminatas errabundas en la búsqueda infructuosa de tu aroma.

Entre esas cuatro paredes todo estaba enfermo. ¡Hasta mis camisas lloraban con arrugas y extendían sus mangas hasta el suelo en señal de duelo! Las cañerías susurraban tu nombre con un quejido oxidado cada vez que abría el grifo de la bañera.

Las pocas bombillas de luz que no se habían quemado aún, se empeñaban en iluminar tus fotos que se multiplicaban sin sentido sobre las mesas, las repisas, asomando entre los imanes del refrigerador, sobre las alacenas o en el marco de las ventanas.

Cuando, por fin, tocaste de nuevo a mi puerta y te vi desde la ventana de mi cuarto, bajé las escaleras corriendo para recibirte con una sonrisa. Al verme, afeitado y con la colonia que tanto te gustaba, me diste un beso y apoyaste las valijas sobre el piso recién lustrado mientras contemplabas maravillada el orden y el aseo en toda la casa.

- Volví –me dijiste. Y la alegría en mi rostro iluminó la sala que olía a tulipanes.

Escrito el 06/05/08 por ChristianEricLavinProsen

(escrito entre el sonar de teléfonos y el bullicio de la oficina)

jueves 1 de mayo de 2008

Don Ezequiel llegó a Mexico

Por fín mi historia "Don Ezequiel" llegó a publicarse en la revista "Posdata" de Monterrey (Mexico)


Otro pequeño gran paso !!!


Publicación en la revista Posdata